La oración en la vida del cristiano debe entenderse no como una ocupación más al lado de otras, sino como una “relación viviente y personal con el Dios vivo y verdadero”. La oración es ese gran “misterio de nuestra fe,” que resume nuestro cristianismo y exige que creamos en él, lo celebremos en los sacramentos y lo hagamos vida cada día.
En la presentación que la Iglesia nos ofrece, la oración aparece en la cima porque:
- se funda en la fe
- se fortalece mediante los sacramentos
- obra a través de la caridad.
La fe es un don y al mismo tiempo participación en la fe de Jesús al Padre. La oración cristiana es don y al mismo tiempo participación en la oración de Jesús al Padre.
La oración nos debe orientar a la caridad pues ésta es la meta final a la que estamos llamados y por ser don, se pone al servicio de los demás.
¿QUE ES ORACION?
- Es un impulso del corazón, una sencilla mirada hacia el cielo, una elevación del alma a Dios (CEC 2558).
- Es reconocer la bondad y grandeza de Dios.
- “Es un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba, como desde dentro de la alegría” (Sta. Teresa del Niño Jesús).
- “Es la petición a Dios de bienes convenientes”(CEC 2559).
- Es adorarlo, darle gracias y pedirle lo que necesitamos.
LA ORACION COMO DON DE DIOS
El que nosotros podamos orar es don, un regalo de Dios, porque nosotros no sabemos pedir como conviene (Rom.8,26). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde lo más profundo de un corazón humilde y apenado?(Sal 130,14).
La humildad es la base de la oración, la humildad es la base de la oración, la humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración. El que se humilla será ensalzado (Lc.18,9-14).
Pidamos constantemente a Dios este magnífico don de saber orar, ya que El mismo quiere que se lo pidamos y está dispuesto a concederlo. “Si conocieras el don de Dios”(Jn. 4,10). La maravilla de la oración se revela precisamente ahí junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: Ahí Cristo va al encuentro de todo ser humano; es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San. Agustín).
Nuestra oración de petición es también una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: “A mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas.(Jr.2,13). Jesús satisface nuestra ansia de infinito, apaga nuestra sed de Dios. Le dijo a la samaritana: “Tú le habrías rogado a Él, y El te habría dado agua viva” (Jn 4,10).
LA ORACION COMO ALIANZA
¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón. Es el corazón el que ora, si éste está alejado de Dios, la oración es inútil.
El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito. Es nuestro centro escondido que sólo el Espíritu de Dios puede penetrarlo y conocerlo.
- Es el lugar de la decisión, en donde tomamos nuestras orientaciones más profundas.
- Es el lugar de la verdad, ahí donde no podemos engañarnos con la falsedad y la mentira.
- Es el lugar del encuentro, ya que, a imagen de Dios, vivimos en relación.
- Es el lugar de la Alianza, de la unión entre Dios y el hombre.
LA ORACION COMO COMUNION
La vida de oración es estar constantemente en comunión con Dios. El hombre no puede vivir sin Dios, por eso la oración nos es indispensable, como el aire para vivir. El deseo de Dios está grabado en el corazón del hombre, Dios no cesa de atraer al hombre hacia Sí y sólo en la unión con Él encuentra el hombre su felicidad.
En la Nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. Así la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él.
Esta comunión de vida con Dios es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos del Espíritu Santo. La oración es cristiana en tanto cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo.(CEC 2565) (Ef 3,18-21).
Elevemos constantemente nuestra oración a Dios. Confesemos nuestra fe en la presencia de Dios en el mundo y en nosotros mismos. Alabémoslo, démosle gracias porque es la fuente de todo cuanto existe. Imploremos su perdón por nuestras faltas y pidámosle que nos ayude en todo momento y en todas nuestras actividades. Oremos al comenzar el día, al tomar los alimentos, al empezar nuestro trabajo, al ir al descanso, al iniciar un viaje y toda obra importante.
