Defiende con entereza tu castidad, y haz de tus amores la más bella e ilusionada historia que un día puedas ofrecerles a tus hijos, sin tener nada que ocultarles, ni nada de qué avergonzarte.

Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte

Los novios deben tratarse íntimamente.


Pero en este trato íntimo y con confianza no han de permitirse ciertas «confianzas» ni «intimidades».
Es más, deben ser muy discretos en permitirse ciertas manifestaciones amorosas, si no quieren manchar sus relaciones de pecados. No puedes permitirle a tu cariño muchas cosas que él te pide con fuerza.

Es necesario que aprendas a llevar tu noviazgo con la austeridad que exige el Evangelio. Es muy importante que te propongas firmemente llevar tu noviazgo en gracia de Dios. Eso será atesorar bendiciones del cielo para el matrimonio.


En cambio, si siembras de pecados el camino del matrimonio, ¿puedes esperar con confianza que Dios os bendiga después?

«En los muchísimos casos de matrimonios desgraciados, con graves problemas, he tenido la curiosidad de preguntar cómo les fue en el noviazgo. Hasta ahora ni un solo caso ha desmentido esta ley inexorable: fueron noviazgos con grandes descuidos morales y con enormes lagunas en su preparación».

Que tus relaciones sean cariñosas, pero castas. Que tus manifestaciones de cariño sean limpias.


Todas las condescendencias que tengáis en el noviazgo con la pasión impura, han de redundar, tarde o temprano, en

perjuicio de vuestra verdadera y perdurable felicidad.


Cuando unos novios viven un amor sucio, después les amarga.


En cambio, unos novios que han luchado por vencerse y mantener unas relaciones puras, tienen una ilusión, una felicidad y un amor muchísimo mayores. La experiencia de la vida confirma esto continuamente.



«Todos los esfuerzos que hayan realizado -solos o en común- para respetar las exigencias de la castidad antes del matrimonio, les ayudarán poderosamente a respetar más tarde todas las exigencias de la castidad en el matrimonio. Se cosecha lo que se sembró. Todo esfuerzo en este punto tendrá un día su recompensa».

«He visto a menudo novios que estaban muy a gusto el uno junto al otro, se abrazaban largamente y a cada instante…, y en el momento de su matrimonio estaban ya cansados.
»Nosotros nos acariciamos de vez en cuando, y muchas veces nos cogemos simplemente de la mano.
»Tal vez alguien nos crea tontos, pero yo creo que así somos más felices.
»Todo es fresco entre nosotros.
»Nada está enmohecido.
»Nuestra posibilidad de felicidad no está embotada, ni lo estará jamás…
»Estoy seguro que el respeto es el guardián de la felicidad de los esposos.
»Los hogares duran en proporción inversa a las concesiones pasionales que los precedieron.
»Cualquier cosa que se usa sin medida y sin control acaba hartando»

En el noviazgo todo se ve con luz alegre y radiante, y es necesario saber que el Sol todos los días se pone tras las montañas.
La vida del matrimonio no es lo mismo que la del noviazgo, ni el noviazgo puede ser lo mismo que el matrimonio.
Por eso debes tener mucha cautela en tus manifestaciones de amor.
Los novios todavía no son esposos.
Muchas cosas que entre esposos son perfectamente lícitas, entre novios son un pecado o por lo menos un peligro de pecar.
Las manifestaciones de cariño deben evitar una excitación sexual.
La excitación tiende a la satisfacción completa.
Es muy difícil que los novios que no son prudentes en sus manifestaciones de amor, permanezcan en el límite de las intimidades lícitas.
Una caricia lleva a otra mayor; y es preferible renunciar a la lícita antes que arriesgarse a caer en la que es pecado.
Para que las caricias sean ciertamente inofensivas, conténtate con que sean breves, delicadas y tan sólo «de los hombros para arriba, bajando sólo por el brazo».

«Se debe amonestar lo más seriamente posible al cristiano acerca del peligro de jugar con la sexualidad».(52)
Los novios, como todos los demás solteros, pecan gravemente si con sus mutuas caricias se provocan voluntariamente un deleite carnal; o se ponen, voluntariamente y sin necesidad, en peligro próximo de provocarlo. Y en las excitaciones sexuales involuntarias, tienen obligación de resistirlas y no consentir en ellas.

«Es evidente que antes del matrimonio no tendrían que darse ciertas intimidades y confidencias sexuales (caricias íntimas, etc.), dado que por su misma naturaleza conducen a la relación completa».(53)

El amor es insaciable; siempre pide más.
A veces, las barreras morales le cortan el camino, pero él quiere saltar por encima de todo.
Por eso hace falta que la razón controle el amor para mantenerle en la línea de la moralidad.

Los novios todavía no están casados.
Su amor les lleva al deseo de la entrega total, pero todavía no tienen ese derecho.
Sería como dar la absolución sacramental el que todavía no ha sido ordenado de sacerdote.

Dice un célebre moralista: «Un novio no tiene más derecho al cuerpo de su prometida que al que tendría al de cualquier otra mujer. El acto sexual expresa por su misma naturaleza el vínculo irrevocable e indisoluble entre la pareja».(54)

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
« Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia.
»En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto y un aprendizaje de la fidelidad.
»Reservarán para el matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal.
»Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad».
Esto se consigue con la ayuda de Jesucristo.
Sin la gracia de Dios es imposible. De ahí la necesidad de una vida sacramental durante el noviazgo.

Te recomiendo que estéis siempre en sitios bien visibles.
Nada de sitios solitarios y oscuros.
La oscuridad y la soledad son peligrosas.
Una de las mejores defensas morales para el comportamiento de los novios son unos ojos ajenos que los estén mirando.
El comportamiento de los novios debe ser tal que en todo momento puedan ser observados por sus padres.

«La castidad, aunque a veces es difícil y exigente, es no obstante posible en el noviazgo; pero con ciertas condiciones.
»Quien quiera conservarla es preciso que pague su precio.
»Los que no tengan voluntad para hacer los esfuerzos que se necesitan, para echar mano de las fuerzas sobrenaturales mediante la oración y los sacramentos, que no se extrañen de su fracaso y de sus caídas.
»La experiencia, a Dios gracias, atestigua que muchos novios cristianos han vivido y viven un noviazgo casto».(56)

Por otra parte, si ella fue para él una «mujer fácil» no será raro que, después de casados, a él le atormenten los celos de que también lo pueda ser para otros.
Una mujer así no ofrece garantías de fidelidad matrimonial.
Desgraciado el hombre que se casa con una mujer lujuriosa. Tendrá dudas horribles sobre si los hijos de su mujer son de él o son de otro hombre. Conozco casos dramáticos.

Además, esas caídas en el pecado seguro que os dejan asqueados.
Os sentiríais mucho más felices si vuestro amor os uniera con Cristo en la comunión, que no en la degradación del pecado.
Sé de novios que tuvieron una época de pasión desenfrenada, y que cuando luego orientaron su vida por un camino de rectitud y pureza, me confesaron que este segundo modo de amar les hacía mucho más felices.

Algunos chicos les dicen a las chicas que ellos prefieren a las que ya lo han probado todo. Pero eso es un truco para lograr de ellas más fácilmente lo que quieren sacar, y luego abandonarlas con la misma facilidad, de quien tira un trapo viejo.
¡Es lógico!
Un chico sensato no se casa con una chica que el día de mañana puede salirle «rana».
Si no ha respetado su pureza de soltera, ¿qué garantías tiene de que no resultará adúltera después de casada?

Una vez le oí decir a un chico que a él le interesaban dos tipos de chicas: las que sólo sirven para uso sexual, y las que son dignas de amor y matrimonio. Pero, por desgracia, las segundas escasean.

Algunas chicas quieren retener a un chico haciendo concesiones ilícitas.
Pero cuando no hay amor, esto puede retrasar la ruptura, no la evita.
Y si ruptura ha de llegar, es mejor que ocurra antes de la boda.

A la mujer, ordinariamente, no le interesa el sexo si no va precedido del amor y la ternura. El hombre es más impulsivo y pasional, y puede separar el sexo del amor .
Que el chico tenga momentos en que pierda la cabeza y quiera lo que no debe, es natural. Pero si ella no quieres, no pasará nada.
Y en estas ocasiones ella es mucho más serena.
Debes por lo tanto imponerte.
Y no creas que por eso vas a perderle. Aunque él se enfade, la cosa será pasajera.
Si te quiere, volverá a ti.
Y si no vuelve, es que no te quería a ti, sino que quería usar de ti para saciar sus apetitos.
Y quien te rebaja de esta manera, es indigno de ti.
Ése, más vale que se vaya.
Si te casaras con él, no serías la reina, sino la esclava. Y antes de ser esclava, más vale quedarse libre.

El quedarse soltera no tiene por qué ser una desgracia; y un matrimonio fracasado, sí lo es. Y de la peor especie.
La mujer soltera sólo es desgraciada cuando no sabe llenar su vida con un ideal de servicio al prójimo, que la haga sentirse realizada. La que logra hacerlo puede ser más feliz que una casada.

Oye, además, lo que severamente dice Jesucristo:
Si tu ojo, tu mano o tu pie, son causa de escándalo, es decir, de pecado, arrójalos lejos de ti, porque más te vale entrar con, sólo un ojo, una mano o un pie en el cielo que con los dos ojos, las dos manos o los dos pies, ser arrojada al infierno. Aplícalo a tu caso actual de relaciones: Más vale entrar sin novio en el reino de los cielos, que con novio, ser arrojada al infierno.
Sé una novia digna, limpia y pura.
No olvides, que tu novio, es únicamente un novio, que puede no llegar a ser tu marido. Ámalo, sí con ilusión y cariño; pero sin mancharte.
Cuanto más cristiana y delicada seas en tus relaciones, más feliz serás el día de tu boda, ¡más bella aparecerás ese día ante Dios y ante él…! No transijas. ¡Pura hasta el altar!

Defiende con entereza tu castidad, y haz de tus amores la más bella e ilusionada historia que un día puedas ofrecerles a tus hijos, sin tener nada que ocultarles, ni nada de qué avergonzarte.
Que tus hijas, al contarles tus amores, puedan decirte con orgullo y envidia: «¡Qué hermoso es el amor así! ¡Nosotras también queremos ser unas novias tan buenas y puras como tú…!»
¿Tendrás valor para decirles que sean puras, si tú no lo fuiste?
Piensa en tus futuros hijos. Ellos, no es fácil que sepan cómo se desarrollaron las relaciones de sus padres, pero sí que te verán a ti, su madre, con tus defectos y virtudes. Y éstas no se improvisan.

Si fuiste una novia intachable, serás sin duda alguna una madre ejemplar. Piensa en el consuelo inmenso que tendrás, si algún día tu hijo te dice que su mayor ilusión es encontrar una novia que sea como tú eres.

No olvides que el encanto de la mujer, le viene de ser pura, recatada cuando es joven; y de ser madre cuando es mayor.
Las dos cosas se han reunido en María. Ella, Virgen y Madre. Ella, Inmaculada.

Legiones de jóvenes, puestos sus ojos en María, han conservado íntegro el tesoro de su pureza.
Admirable y encantador el ejemplo de Santa María Goretti, que se deja matar antes de perder la castidad.
Y gracias a Dios las «goretis» son muchas. Recuerda a Josefina Vilaseca y otras muchas en España, menos conocidas pero no menos heroicas.

Sentido del noviazgo: conocerse, tratarse, respetarse

El noviazgo es el tiempo en el que dos personas se descubren mutuamente.

Conocerse

Para quiénes han sido llamados por Dios a la vida conyugal, la felicidad humana depende, en gran parte, de la elección de la pareja con la que van a compartir el resto de su vida en el matrimonio. De esto se deduce la importancia que tiene el discernimiento acerca de la persona apropiada: “La Iglesia desea que, entre un hombre y una mujer, exista primero el noviazgo, para que se conozcan más, y por tanto se amen más, y así lleguen mejor preparados al sacramento del matrimonio»[1]

Así, esta decisión está relacionada con dos parámetros: conocimiento y riesgo; a mayor conocimiento menor riesgo. En el noviazgo, el conocimiento es la información de la otra persona. En este artículo se abordarán algunos elementos que ayudarán al conocimiento y al respeto mutuo entre los novios.

Actualmente, en algunos ambientes, al concepto «amor» se le puede dar un sentido erróneo, lo cual representa un peligro en una relación donde lo fundamental es el compromiso y la entrega hasta que la muerte los separe: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» [2]. Por ejemplo, si uno quisiera hacer negocios con un socio que no sabe qué es una empresa, los dos estarían condenados al fracaso. Con el noviazgo ocurre algo parecido: es fundamental que ambos tengan la misma idea del amor, y que ese concepto se atenga a la verdad, es decir, a lo que realmente es amor.

Hoy, muchas parejas fundamentan el noviazgo, y también el matrimonio, en el sentimentalismo. A veces, hay actitudes de conveniencia y falta de transparencia, es decir, “autoengaños» que terminan después apareciendo en los hechos. Con el paso del tiempo, esto puede convertirse en causa de muchas rupturas matrimoniales. Los novios han de querer construir su relación sobre la roca del amor verdadero, y no sobre la arena de los sentimientos que van y vienen[3].

El conocimiento propio es algo esencial para que la persona aprenda a distinguir cuándo una manifestación afectiva pasa la frontera de un sentimiento ordenado, y se adentra en la esfera del sentimentalismo, quizá egoísta. En este proceso es esencial la virtud de la templanza que ayuda a la persona a ser dueña de sí misma, ya que “tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad»[4].

Se puede pensar en el amor como un trípode, que tiene como puntos de apoyo los sentimientos, la inteligencia y la voluntad. Al amor acompaña un tipo de sentimiento profundo. Si creemos que el afecto no es aún suficientemente intenso ni hondo, y que vale la pena mantener el noviazgo, habrá que preguntarse qué tengo que hacer para seguir queriendo (inteligencia), y acometer lo que he decidido (voluntad). Lógicamente, conviene alimentar la inteligencia con buena formación y doctrina, pues de lo contrario, se apoyará en argumentos que lleven al sentimentalismo.

Tratarse

El conocimiento verdadero de los demás se consigue con el trato mutuo. Igualmente ha de suceder en el noviazgo, que requiere un trato que llegue a temas profundos, relacionados con el carácter de la otra persona: cuáles son sus creencias y convicciones, cuáles son sus ilusiones, qué valores familiares tiene, cuál es su opinión sobre la educación de los hijos, etc.

Las dificultades de carácter son consecuencia del daño causado por el pecado original en la naturaleza humana; por tanto, hay que contar con que todos tenemos momentos de mal carácter. Esto se puede paliar, contando especialmente con la gracia de Dios, luchando por hacer la vida más agradable a los demás. Sin embargo, hay que asegurar la capacidad para convivir con el modo de ser del otro.

ue se deje de lado la importancia que tienen o se piense que con el tiempo cederá. Pueden convertirse en una dificultad grande y, en muchos casos, motivos de problemas conyugales. Es fundamental tener claro que el matrimonio es “de uno con una; (…) La medalla tiene anverso y reverso; y en el reverso hay dolores, abstenciones, sacrificios, abnegación»[5].

Podría resultar ingenuo pensar que el otro va a cambiar sus convicciones y creencias o que el cónyuge será el medio para que cambie. Lo anterior no excluye que las personas rectifiquen y mejoren con el paso del tiempo y la lucha personal. Sin embargo, un criterio que puede servir es el siguiente: si, las convicciones profundas, no se adecúan a lo que yo pienso respecto a cómo ha de ser el padre o la madre de mis hijos, puede ser prudente cortar, ya que no hacerlo a tiempo es un error que con frecuencia puede llevar a un futuro matrimonio roto.

Es preciso diferenciar lo que en el otro es una opinión y lo que es una creencia o una convicción. Podríamos decir que una opinión es lo que sostiene, sin llegar a la categoría de convicción, aunque para expresarla utilice la palabra “creo». Por ejemplo, si uno comenta “creo que el matrimonio es para siempre», conviene saber si se trata de una opinión o de una creencia. La opinión comporta excepciones, una creencia no; la creencia es un valor arraigado, una convicción, sobre la que se puede sostener un matrimonio.

Con frecuencia, ya siendo marido y mujer, sucede que uno de los cónyuges se da cuenta de que, cuestiones tan vitales como estar de acuerdo sobre el número de hijos, o su educación cristiana, o la forma de vivir la sexualidad no han sido tratadas con seriedad durante el noviazgo.

El noviazgo cristiano es un tiempo para conocerse y para confirmar que la otra persona coincide en lo que es fundamental, de manera que no será extraño que a lo largo de esta etapa uno de los novios decida que el otro no es la persona adecuada para emprender la aventura del matrimonio.

La personalidad se va formando con el paso del tiempo, por lo que hay que pedir al otro un nivel de madurez adecuado a su edad. Sin embargo, hay algunos parámetros que pueden ayudar a distinguir a una persona con posibles rasgos de inmadurez: suele tomar las decisiones en función de su estado de ánimo, le cuesta ir a contracorriente, su humor es voluble, es muy susceptible, suele ser esclavo o esclava de la opinión de los demás, tolera mal las frustraciones y tiende a culpar a los otros de sus fracasos, tiene reacciones caprichosas que no se corresponden con su edad, es impaciente, no sabe fijarse metas ni aplazar la recompensa, le cuesta renunciar a sus deseos inmediatos, tiende a ser el centro de atención, etcétera.

Respetarse

Como dice el Papa Francisco: “La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza»[6]. El noviazgo crece como aspiración al amor total desde el respeto mutuo, que en el fondo es lo mismo que tratar al otro como lo que es: una persona.

“El periodo del noviazgo, fundamental para formar una pareja, es un tiempo de espera y de preparación, que se ha de vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite madurar en el amor, en el cuidado y la atención del otro; ayuda a ejercitar el autodominio, a desarrollar el respeto por el otro, características del verdadero amor que no busca en primer lugar la propia satisfacción ni el propio bienestar» [7].

Este hecho conlleva diversas consecuencias, cuyo fundamento es la dignidad humana: no se puede pedir al novio o a la novia lo que no puede o no debe dar, cayendo en chantajes sentimentales, por ejemplo, en aspectos referidos a manifestaciones afectivas o de índole sexual, más propias de la vida matrimonial que de la relación de noviazgo.

El trato mutuo entre los novios cristianos deberá ser el que tienen dos personas que se quieren, pero que aún no han decidido entregarse totalmente al otro en el matrimonio. Por eso tendrán que ser delicados, elegantes y respetuosos, siendo conscientes de su condición de varón y de mujer, apagando los primeros chispazos de pasión que se puedan presentar, evitando poner al otro en circunstancias límite.

Como conclusión, podemos afirmar que un noviazgo bien vivido, en el cual se conozca a fondo y se respete a la otra persona, será el medio más adecuado para tener un buen matrimonio, siguiendo el consejo del Papa Francisco: “La convivencia es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante que tiene unas reglas que se pueden resumir en tres palabras: ¿Puedo? Gracias, perdona»[8].

Referencias

[1]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 31-10-1972.

[2]Mc 10,7-9.

[3]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

[4]Catecismo de la Iglesia Católica, 2337.

[5]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 21-6-1970.

[6] Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

[7]Benedicto XVI, A los jóvenes del mundo con ocasión de la XXII Jornada Mundial de la Juventud 2007.

[8]Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.